En un evento ideado por Google+ Local España -del que hablaré próximamente- tuve la ocasión de conocer el caso de una entidad financiera con una plataforma social interna para empleados técnicamente impecable, pero que casi nadie usaba.

Por el contrario, en la empresa en la que trabajo podemos presumir de medio social en el que interactuamos a diario, pese a que la herramienta social no está totalmente desarrollada en pos de la usabilidad y experiencia de usuario.

Se trata de un ejemplo concreto de algo que ya he escuchado en palabras de algunos compañeros de trabajo: si la tecnología no va a acompañada de una cultura organizativa que eduque y empodere al usuario, los resultados serán muy limitados y tomarán su tiempo en llegar.

De los factores que pueden determinar el éxito construyendo una verdadera red social interna puedo reseñar aquí un post que enlaza a otros excelentes artículos, sin embargo, yo me detendré aquí en un espacio crucial cuando se trata de aportaciones de información, argumentos y contra-argumentos, enunciados y propuestas: este lugar es el vacío.

Un espacio vacío

En una organización jerarquizada, este espacio es ocupado por los cargos inmediatamente superiores a quien emprende la decisión de aportar sus ideas a la comunidad. Si alguien quiere proponer un cambio o simplemente quiere preguntar por qué se hace tal proceso de cierta forma y por qué no de otra puede sentirse coaccionado por personas de rango superior.

Por contra, en un espacio vacío no hay lugar sino para que cualquier otro pueda aportar sus argumentos, de forma tal que todos a la vez podemos participar, pero nadie puede hacer ese espacio suyo.

No he enlazado “cualquier otro” con el anterior artículo “Héroes” por casualidad. Para que ese lugar del que hablo esté verdaderamente vacío debe estar libre de órdenes jerárquicos, ideologías, nacionalidades u otros prejuicios privados, únicamente las aportaciones libres, en tanto que apelan a la razón, pueden ocupar por ese vacío sin llenarlo. Actuando como cualquier otro, dejamos espacio para que todos aporten libremente.

La tecnología nos permite ahora más que nunca encontrar ese espacio, sobre todo si el código es libre y cualquiera lo puede ejecutar, leer, modificar y distribuir. El gran reto para las organizaciones será adaptar su cultura y filosofía a estos buenos tiempos.

Anexo

Este tema ya lo había tratado anteriormente, pero en esta ocasión y dado que requiere asentar varias ideas, creo que puede entenderse de forma más sencilla al dividir los dos principales razonamientos en dos posts consecutivos.

Al igual que en el anterior post, refiero al libro que ha inspirado esta conexión de ideas, Educación para la Ciudadanía, del que recomiendo su lectura pese a no compartir en su totalidad las ideas expuestas.