Una profesora germana desarrolla a sus alumnos el teorema de pitágoras.

Si esta profesora fuera danesa, ¿habría llegado a la misma conclusión? ¿y si fuera argentina? ¿un profesor español concluiría en la misma expresión? ¿y un japonés?

La idea a explicar en clase sería la misma, independientemente de la nacionalidad, la argumentación matemática habría finalizado igual.

¿Y si el profesor fuera afiliado a un partido liberal? ¿y a uno socialdemócrata? ¿y si fuera aficionado al baloncesto? ¿y si resultara uno de los pupilos quien demuestra a sus compañeros el teorema?

Ni la ideología, ni las aficiones, ni el género, ni la clase social importan en esto.

Partiendo de unas premisas razonadas, cualquier otro habría llegado a la demostración.

Los ejemplos en matemáticas son fáciles de ver, pero aun en otros campos, cuando enunciamos algo y lo hacemos razonadamente nos despojamos de todos los atributos de nuestra persona para actuar únicamente como un ser racional. Como veremos en las siguientes líneas, esto significa actuar con total libertad.

Cualquier otro

Una persona salva a otra de un accidente seguro en el Metro de Madrid.

Al llegar los medios de comunicación, el héroe responde: “Sólo hice lo que cualquier otro en mi lugar hubiera hecho”.

Lo hemos visto en sucesos televisados o en películas, cuando se le pregunta al bienhechor siempre responde de forma parecida.

Aquella persona ha actuado sin importar su ideología, color, sexo, gustos, tradiciones…etc., simplemente, la razón le ha guiado a proceder de la forma que lo hizo y así lo ha hecho.

Parece difícil que algún día podamos ayudar de esta forma y ganar una parte de heroicidad, pero si lo pensamos bien, todos somos héroes en potencia, pues cada vez que aprendemos a actuar, actuamos, o enunciamos información atendiendo a premisas razonadas, como cualquier otro hubiera hecho, atendiendo a nuestra razón y no como nuestros gustos, ideologías, creencias o nacionalidades nos pudieran inducir, nos preparamos un poquito más para ese día.

Libertad

Tanto quien desarrolla un teorema, enuncia los hechos en algún campo del conocimiento o demuestra alguna hipótesis bajo argumentos bien construidos; como quien actúa como cualquier otro lo hubiera hecho en la situación requerida, está actuando libremente, pues ningún atributo personal le está impidiendo actuar como actúa.

La profesora del primer ejemplo en ningún momento cambiaría el resultado de la ecuación porque le conviniera en ese momento o porque su ideología o costumbres le hicieran explicarlo incorrectamente. El héroe del segundo ejemplo no se ha puesto a pensar si a quien salvaba era de una u otra religión distinta a la suya, de una nacionalidad u otra o si sus creencias le impedían saltar al andén en sábado. Se han liberado de todo lo que conlleva su persona para actuar como cualquier otro.

La libertad total significa despojarse de todas las trabas para atender únicamente a nuestro conocimiento y nuestra razón, lo que nos lleva a obrar como cualquier otro.

En 31 de agosto de 2012 tuve la ocasión de exponer estos enunciados (entre otros) con mis compañeros de Territorio creativo. Una de las asistentes comentó: “si actúo con total libertad, puedo hacer lo que yo quiera, podría por ejemplo, mientras estás exponiendo, ponerme a hacer el pino en el centro de sala ¿no soy libre de hacer lo que me venga en gana?”

Tendemos a confundir la libertad con “hacer lo que a uno le venga en gana” pero es que la libertad conlleva liberarse de nuestras apetencias. Yo no hago el pino puente porque sea lo que cualquier otro haría, sino porque a mí como David García-Navas López de Cuéllar me apetece hacer eso. La razón me indica que eso no es lo adecuado, no es lo que cualquier otro haría, sino lo que a mí me apetece hacer.

Admiramos a los héroes por su total libertad, porque acometen actos liberándose de su condición, incluso cuando esto implica enfrentarse a sus miedos o deseos personales. Pero no hacen falta grandes acciones para asemejarnos a su actitud. En el día a día vivimos situaciones en las que podemos actuar con libertad plena, como cualquier otro haría, y esas pequeñas acciones cambian poco a poco el mundo.

¿Estás preparado para hacerlo?

Anexo

El razonamiento e ideas expuestas aquí había podido intuirlas, pero fue este libro, Educación para la Ciudadanía, el que me ilustró sobre este tema y concretamente el capítulo 2: “Razón y Libertad: el lugar de cualquier otro” del que parafraseo algunas líneas. Recomiendo encarecidamente su lectura puesto que hace aflorar y remover el pensamiento crítico.

No obstante, al igual que le ocurre al profesor Rafael Robles con otro escrito del mismo autor, no comparto todas las ideas expuestas en Educación para la Ciudadanía, que darían (y de hecho han dado) para muchos otros debates y artículos.