Recuerdo de mis primeras clases de filosofía cómo al llegar al “corgito ergo sum” sentí el vacío tras mis pasos: ¿cómo podía haber dado algo por seguro hasta ese momento? Maravillado, entendí que con ese planteamiento me podía aferrar a algo, al igual que los axiomas o teoremas bien construidos sirven de punto de apoyo para no caer al precipicio del “todo es relativo”. Dudar es básico y necesario, pero tenemos que partir de alguna certeza para construir sobre la base de un conocimiento asentado. Así, nos damos cuenta de todo lo conseguido y cómo, mirando en retrospectiva, el pasado fue una mierda comparado a lo que tenemos ahora.

“Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes” que diría Newton citando a Chartres, esos gigantes permiten por ejemplo que tú y yo compartamos estas líneas. Entre las personas que aportaron a la ciencia y su aplicación en la tecnología quizá te venga a la cabeza algún referente, pero es necesario aclarar que el avance en el conocimiento no es cosa de unos pocos “líderes”, pues a veces “buscamos un espalda plateada, en vez de aceptar que somos termitas que levantan catedrales que nos están llevando al cielo“. Esos gigantes a su vez se apoyaron en otros anónimos de los que quizá nunca sepamos.

Precisamente uno de esos “espaldas plateadas” a los que mucha gente busca, Steve Jobs, se fue antes de tiempo al no revisar qué premisas fundamentaban las terapias alternativas que prefirió elegir en vez de operarse como se le recomendaba. El caso del cofundador de la manzana mordida es uno de tantos otros llevados por las pseudociencias. ¿No deberíamos cuestionar el planteamiento del que parten para ver si se sostienen y comprobar si son coherentes con otras ramas de la ciencia?

Parece que con el rápido avance de los últimos tiempos nos malacostumbramos a que para todo haya solución casi “mágica”, cual panacea que nos vendría a rememorar este pasaje del ingenioso hidalgo de La Mancha:

[…] si a mí se me acordara de hacer una redoma del bálsamo de Fierabrás, que con sola una gota se ahorraran tiempo y medicinas.
– ¿Qué redoma y qué bálsamo es ése? – dijo Sancho Panza.
Es un bálsamo – respondió don Quijote – de quien tengo la receta en la memoria, con el cual no hay que tener temor a la muerte, ni hay pensar morir de ferida alguna.

[En el capítulo XVII, don Quijote instruye a Sancho que los ingredientes son aceite, vino, sal y romero. El caballero los hierve y bendice con ochenta padrenuestros, ochenta avemarías, ochenta salves y ochenta credos. Al beberlo, don Quijote padece vómitos y sudores, y se siente curado después de dormir. Sin embargo, para Sancho tiene un efecto laxante, dejándolo cerca de la muerte, justificando esto don Quijote, por ser Sancho un escudero y no un caballero andante.] – Fuente: Wikipedia

¿Nos vamos a creer cualquier ocurrencia al igual que los personajes cervantinos? Partimos de certezas para construir conocimiento, pero no se nos pueden colar como fiables bálsamos que con la apariencia de “naturales” o con argumentos del tipo “a mí me funciona” puedan servir de base para que se popularicen fórmulas que luego nos dejen peor que estábamos o que simplemente nos quieran mermar nuestra economía sin ofrecer eficacia probada, llevándonos a un juego de suma cero.

Disponemos de varias herramientas para distinguir el grano de la paja, pero se resumen en la información de la que disponemos y nuestro propio pensamiento crítico.

En el lado de la información, tenemos bastante variedad en español, como la iniciativa Naukas, los libros “Comer sin miedo” y “Medicina sin engaños” de J.M. Mulet, la divulgación sobre publicidad y alimentos funcionales de Scientia, los consejos nutricionales de Midietacojea, entre otros muchos. También algunos blogs que no tratan específicamente de ciencia como ElComidista se apuntan a divulgar contra el avance de modas pseudocientíficas como el “detox“. En televisión disfruté como nunca gracias al programa Órbita Laika, cuyas dos temporadas completas están disponibles en RTVE, aunque acogiéndonos al tema de este post el apartado más interesante es “El archivo del misterio“.

A lo que respecta el ejercicio del pensamiento crítico, ya nos da una buena pista que aquello que esté probado científicamente solo puede ser refutado por otro estudio científico serio: en las áreas de la ciencia todo se prueba, se demuestra, se critica, se da un paso atrás y dos adelante. Gracias al método científico tenemos el corgito ergo sum en el que apoyarnos, en el que lejos de ser incuestionable, es constantemente cuestionado por nuevos estudios que prueban las certezas actuales para afinar en nuestro conocimiento. Además, conocer las falacias nos ayudará a arquear la ceja cada vez que oigamos determinados razonamientos erróneos.

Por mi parte, hace tiempo que me uní al grupo de ARP – Sociedad para el avance del pensamiento crítico, para estar mejor informado sobre la postura escéptica ante diversos temas, y justo el pasado 12 de marzo tras asistir al evento “escépticos en el pub” donde aprendí sobre la fisioterapia y sus otras “hijas bastardas” me asocié por entero a ARP para ayudar a difundir y construir un entorno donde prime el pensamiento crítico en vez de creernos cualquier moda o tendencia sin base científica. Pues no hay bálsamo que lo cure todo, más que nuestra postura decidida a cuestionar lo que nos rodea para no caer en engaños; ni Fierabrás incuestionable, pero sí pequeños pasos firmes que hacen avanzar a nuestra sociedad.