Educación

Cartógrafos digitales

Al inicio de las clases de analítica en medios digitales que imparto, suelo exponer la siguiente anécdota, contada por el Nobel de Medicina Albert Szent-Györgyi a sus colegas, que a su vez la difundieron por diferentes vías (traducción propia):

“Una pequeña unidad de tropas húngaras acamparon en los Alpes durante la primera Guerra Mundial. Su comandante, un joven teniente, decidió enviar a un grupo reducido a una misión exploratoria. Al poco de emprender la marcha, empezó a nevar y nevó sin cesar durante dos días. La compañía de exploración no volvía, y el joven oficial, entre intelectual e idealista, se sintió culpable de haber enviado a sus hombres a su propia muerte. En su tormento, se cuestionó no sólo su decisión, sino el sentido de la guerra misma y su rol en ella. Era un hombre atormentado.

De repente, al tercer día regresó el tan esperado equipo de exploración. Un gran júbilo y a la vez alivio recorrieron el campamento. Impaciente, el joven comandante preguntó a sus hombres: ‘¿Dónde habíais estado? ¿Cómo hicisteis para sobrevivir y encontrar el camino de vuelta?’ El sargento que lideraba los exploradores respondió: ‘Nos perdimos en la nieve y casi nos resignamos a una muerte segura. Entonces, uno de nosotros encontró un mapa en su bolsillo. Con su ayuda supimos que podríamos encontrar la ruta de vuelta. Acampamos, esperamos a que remitiera la nevada, y tan pronto como pudimos emprender la marcha, regresamos aquí’.

El joven comandante pidió echar un vistazo al plano. ¡No era un mapa de los Alpes, sino de los Pirineos!”

Esta historia me sirve para comentar tres puntos al comienzo de la formación:

  • La importancia de tener una referencia. El plano estaba equivocado, pero de alguna manera les dio confianza para seguir adelante. Si estos soldados tuvieron la suerte de salvarse por un esquema erróneo, podemos hacernos una idea de cuán valiosa resulta una referencia acertada. Así, valoramos nuestra labor por lo acertado de nuestros “mapas” y cómo estos proporcionan confianza para servir de punto de apoyo de toma de decisiones.
  • Buscar la exactitud en nuestro análisis. No sirve cualquier mapa y menos uno incorrecto. De hecho, contamos la historia de estos soldados porque quizá ese mapa se ajustara al terreno al compartir ciertas similitudes, pero existen otras historias con peor final: lo normal si te equivocas de mapa, es no sobrevivir. Sacar alguna conclusión sólo de la anécdota “buena” sería un claro ejemplo de sesgo de selección, y contar sólo la historia para apoyar una motivación previa entraría dentro del sesgo de confirmación. Así pues, que la anécdota se quede en eso: extraigamos más y mejores datos, trabajémoslos con sentido para sacar conclusiones relevantes y facilitar así la gestión de nuestros proyectos.
  • ¿Hacemos mapas? No, bueno, a veces, sí 🙂 Un mapa no es sino una representación de la realidad, normalmente sobre territorios. En el ámbito digital trabajamos también otros elementos: nodos, relaciones, palabras, interacciones…; en definitiva, datos representables a modo de grafos, barras, áreas, nubes, pictogramas… todo tipo de visualizaciones entre los que además se incluyen mapas (físicos o mentales). Esta base gráfica nos sirve de instrumento para orientar a nuestros equipos en el aparante caos que forman las plataformas digitales: ofreciendo recomendaciones sobre dónde difundir, qué tal lo estamos haciendo y lo que se puede mejorar, a quién escuchar, cómo ejecutar una campaña según su objetivo… en definitiva, mapas personalizados e interpretaciones de las coordenadas que marcan.

Como comenté en la entrevista que me hicieron desde el Grupo Ingenia, tenemos algo de cartógrafos digitales. Intentamos resumir lo que nos muestra la evidencia de los datos y el conocimiento que asimilamos para aplicarlo en la mejora de la toma de decisiones. Elaboramos mapas en el sentido en que utilizamos modelos simplificados de la realidad (como en toda ciencia) para decidir en cuanto a datos, exploración y variables.

Marcas y atribución

Teniendo en cuenta esta metáfora para asociar a nuestra actividad, podemos entender qué gran elección han realizado algunas empresas para su imagen de marca: Cartograf (cuyo lema reza precisamente «Ayudamos a las empresas a orientarse en red»), CartoDBahora llamados Carto– (que sí que realizan mapas)… aunque la historia de la que parte este artículo la descubrí gracias a la ponencia que José de la Peña nos ofreció hace unos años en la organización donde trabajo (un TcDesayunos) y en la que ilustró de forma gráfica nuestra labor: “Tenemos que ser cartógrafos de la nueva realidad, del Nuevo Mundo“.

Por alguna razón, en la presentación no se cita la fuente y he pasado un tiempo investigando cuál era la historia original y su contexto. Thomas Basbøll de la Copenhagen Business School produjo un paper de 28 páginas sobre esto, que Andrew Gelman nos resume: el superviviente a las dos grandes guerras Szent-Györgyi (que se disparó en el pie para abandonar la guerra y dedicarse a la investigación, lo que le condujo a descubrir los efectos de la vitamina C que le valieron el Nobel) contó la anécdota a sus compañeros, éstos a su vez la expusieron en dos conferencias; una de las cuales asistió Miroslav Holub, que la transcribió en forma de poema.

Más tarde, Karl E. Weick reutilizó la historia sin atribuir correctamente, además de ajustarla a su discurso y utilizarla para introducir varias teorías cuando no se trata de un hecho fiable. Como bien explica Basbøll en su paper, debemos considerar la anécdota como lo que es, una de tantas historias de guerra que pueden servirnos como curiosos punto de partida a comentarios al igual que una alegoría o un mito.

Por mi parte, he traducido la primera de las versiones que se conocen y referenciado a la historia de los diferentes mensajeros, no sea que se pierda el rastro y haya que rehacer mapas para encontrar el camino 😉

– Imagen de cabecera: David Parkins para The Economist / recordada por AdAstraErrans

Bálsamo de fierabrás

Recuerdo de mis primeras clases de filosofía cómo al llegar al “corgito ergo sum” sentí el vacío tras mis pasos: ¿cómo podía haber dado algo por seguro hasta ese momento? Maravillado, entendí que con ese planteamiento me podía aferrar a algo, al igual que los axiomas o teoremas bien construidos sirven de punto de apoyo para no caer al precipicio del “todo es relativo”. Dudar es básico y necesario, pero tenemos que partir de alguna certeza para construir sobre la base de un conocimiento asentado. Así, nos damos cuenta de todo lo conseguido y cómo, mirando en retrospectiva, el pasado fue una mierda comparado a lo que tenemos ahora.

La zorra y las uvas

The_Fox_and_the_Grapes_-_Project_Gutenberg_etext_19994Buscando hacia dónde enlazar “disonancia cognitiva” para mi anterior post, me encontré con la fábula “La zorra y las uvas“:

“Una zorra ve un racimo de uvas e intenta alcanzarlo. Al darse cuenta de que está demasiado alto, las desprecia diciendo: «¡No están maduras!».”

[También la versión original traducida de Esopo o la versión en verso de Samaniego.]

Aunque breve (tal como he reflejado la cita, cabe en un tweet), el texto deja una reflexión profunda: ¿es razonable esquivar el deseo de algo inalcanzable?

El día que cambió mi manera de ver el software

Cuando en marzo de 2011 asistí a la primera de las Jornadas de Software Libre realizadas en Ciudad Real, no tenía ni idea de qué trataba esto: ¿programas gratis? ¿Linux? Era un completo ignorante sobre el tema. Atender a las primeras ponencias fue como ir a un concierto en el que no te sabes las piezas. Disfrutaba la música pero no llegué a sentir la totalidad de su belleza.

Más adelante comentaré lo útiles que resultaron las primeras conferencias (lista en YouTubedescarga), pero primero me detendré en quien, de forma pausada y con acento norteamericano, sentó en mi mente las bases para que más tarde comprendiera lo que suponía el software libre.

RMS
RMS en el paraninfo del campus de Ciudad Real – Imagen por Cleto Martín alojada en Arco-UCLM

Fue el mismo Richard Stallman quien, arropado por los aplausos de los estudiantes y profesionales que llenaban por completo el paraninfo de mi facultad, explicó las cuatro libertades del software libre. Me resultó tan claro en la exposición de las ideas que sentí que tenía que unirme de inmediato a la causa.

n elementos para redactar contenido

En una formación que recibí allá por 2011, Fernando Polo explicaba el principio MECE: “mutually exclusive (no overlaps) and collectively exhaustive (no gaps)“.

Este principio trata de ordenar los elementos de un problema en base a dos premisas: plantear todas las opciones y soluciones posibles (no gaps) y definirlas de manera que ningún aspecto se superponga entre sí para evitar redundancias o confusiones (no overlaps).

¿Se podría aplicar esto a la redacción de contenidos? Atendiendo a MECE, ordenaríamos los elementos de un discurso de tal forma que no se solaparan entre sí (no overlaps) y además trataran de abarcar toda la temática a la que se refieren (no gaps).

Para tener una idea clara, qué mejor que una representación gráfica:

 

La imagen ilustra la definición matemática del principio MECE, no es otra cosa que la partición de un conjunto.

 

Docencia conectada

Imagina por un momento que la región en la que resides es aislada del exterior. ¿Qué pasaría con los instrumentos que forman parte de tu vida día a día? No hablemos ya de un ordenador o internet, pero ¿alguien sabría hoy en día fabricar desde cero, por ejemplo, un lápiz?

Productos o servicios que puedan parecer simples fueron en su día creados partiendo de la conjunción de muchas ideas.

La idea de lápiz agrupa la idea de grafito, de madera, de ensamblaje, de escritura. Ésta última a su vez parte de la idea de caracteres que representan un lenguaje y se reúnen en torno a palabras, párrafos, ensayos que a su vez representan otros grupos de ideas.

Una idea por sí sola puede no ser de utilidad, pero prueba a relacionarla con otra con la que pueda encajar.