En una formación que recibí allá por 2011, Fernando Polo explicaba el principio MECE: “mutually exclusive (no overlaps) and collectively exhaustive (no gaps)“.

Este principio trata de ordenar los elementos de un problema en base a dos premisas: plantear todas las opciones y soluciones posibles (no gaps) y definirlas de manera que ningún aspecto se superponga entre sí para evitar redundancias o confusiones (no overlaps).

¿Se podría aplicar esto a la redacción de contenidos? Atendiendo a MECE, ordenaríamos los elementos de un discurso de tal forma que no se solaparan entre sí (no overlaps) y además trataran de abarcar toda la temática a la que se refieren (no gaps).

Para tener una idea clara, qué mejor que una representación gráfica:

 

La imagen ilustra la definición matemática del principio MECE, no es otra cosa que la partición de un conjunto.

 

Sin embargo, y al hilo de su aplicación en la redacción de contenido, en el momento en que Fernando exponía su presentación mi mente fue a parar a otra forma de representarlo utilizando otro término matemático: las bases canónicas.

Una base canónica es una colección de vectores que cumplen dos condiciones: (1) son linealmente independientes y (2) son tantos como dimensiones dispone el espacio que ocupan. A modo de ejemplo (grosso modo), si tenemos un espacio con tres dimensiones la base canónica de tres vectores independientes nos ofrecerá la posibilidad de movernos por ese espacio con los tres grados de libertad, posibilitando llegar a cualquier punto de ese entorno.

Tomando el conocimiento como un espacio de n dimensiones, ¿habrá una base canónica de n vectores como punto de partida hacia las n áreas del saber?

Hay, de hecho, modelos vectoriales para la recuperación de información en buscadores, pero no es objeto de este post adentrarme por esa vía.

La comparación entre bases canónicas y la aplicación de MECE en la redacción de contenidos se sitúa en los elementos de un artículo, ya esté en un blog, una wiki u otras formas. Y es que si esos elementos no crean espacios de intersección entre sí y explican una determinada temática por completo, aportarán contenido relevante a cada paso añadiendo un aspecto verdaderamente útil al tema que se está tratando y provocarán al lector la sensación de que cada elemento que está visualizando añade a su mente un grado de libertad por el que puede viajar libremente.

Esto último (aunque con otras palabras y a través de un párrafo mucho más exiguo) lo comenté en la plataforma social interna en aquellas fechas, y, como bien señaló Gonzalo Martín, se trata de una particular definición de hipertexto. No le faltaba razón, puesto que justo la utilización de hipertexto nos permite agregar elementos linealmente independientes que permiten completar la temática a la que nos estamos refiriendo. Así pues, enlacemos, y enlacemos bien.

Por otra parte, nuestro propio cerebro utiliza procesos mentales parecidos al hipertexto y a los espacios vectoriales, pienso en cómo las preguntas que nos hacemos pueden añadir dimensiones o grados de libertad a nuestra mente mientras que las respuestas se ocupan de indagar en esas dimensiones para intentar abarcar todo el espacio cuestionado. Una vez respondida la pregunta y completada la dimensión creada por ella, la manera de continuar avanzando e incrementar nuestro conocimiento es hacernos más preguntas que abran más espacios, más grados de libertad por los que perdernos. La tecnología bien aprovechada posibilita este avance.